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Maldonado Histórico

Introducción brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

El Museo Regional R. Francisco Mazzoni ocupa una de las casas más antiguas de Maldonado, que data de 1782. Fue convertida en un museo gracias al profesor Francisco Mazzoni. Por ese motivo lleva su nombre en su homenaje, ya que él fue quien nos legó este museo histórico.

El museo alberga una importante colección indígena demostrativa de las culturas precolombinas que existieron en esta parte del continente. También numerosos objetos del pasado colonial, empezando por la casa misma, con mobiliario español y portugués, reproducciones pictóricas de personajes de la época y variadas manifestaciones materiales de objetos de uso en el período hispánico. Existe asimismo un rico legado representativo de nuestro pasado patricio, evocando la formación de nuestra nacionalidad. El museo exhibe testimonios singulares: como ser de la presencia de Darwin en el Uruguay, o una olla perteneciente a un cocinero de Napoleón que intervino en la campaña a Egipto y se radicó en la vecina ciudad de San Carlos, o una mesa estilo regency de Giuseppe Garibaldi, son algunos de los múltiples atractivos de esta Casa-Museo.

El museo esta divido en Salas, cada una lleva el nombre de un personaje importante en la historia de Maldonado.

Al ingreso nos encontramos con el Zagúan protegido por una magnífica puerta de madera de canelo y hierro batido que perteneció al Cuartel de Dragones. Se denomina “José Joaquín de Viana”, que fue el primer gobernador de Montevideo y quien decidió la fundación de la ciudad de Maldonado en 1755.

La Sala principal lleva el nombre del armador Francisco Aguilar. Llegó a Maldonado procedente de las islas Canarias en 1811, en plena revolución oriental, adhiriendo a la causa patriota. Fue el primer ciudadano legal del Uruguay. En Maldonado desempeñó el comercio y la industria. En 1829 fue Alcalde de la ciudad.

Luego encontramos la Sala General Julián de la Llana. Fue un destacado militar e integrante del Partido Colorado. Este caudillo vivió en Aiguá, en su estancia actualmente llamada “El Fortín”. En esta Sala se destacan su uniforme y su cama victoriana con baldaquino.

En la Sala siguiente encontramos dos hermosas camas portuguesas de madera de jacaranda del siglo XVIII con tapizado de color rosa recordando a la “Mujer Fernandina”.

En la Galería, con piso en damero, apreciamos parte de la pinacoteca del museo, diferentes relojes, sillas de la primera biblioteca pública de 1879. También se puede apreciar una hermosa vista al patio interior, donde existe el aljibe original de la antigua casona, rodeado de plantas y enredaderas, como la Santa Rita y el rosal, ambos de la época en que Mazzoni adquirió el inmueble en 1926.

Al final de la Galería encontramos la pequeña Sala que homenajea a don Antonio Lussich. Se lo recuerda por su gran labor como forestador, armador y escritor gauchesco. Fue el autor de “Los Tres Gauchos Orientales” en 1872.

Construyó su casa en la sierra de la Ballena y formó un formidable bosque donde coexisten diversas especies, actualmente convertido en el Arboreto que lleva su nombre.

Luego tenemos el comedor denominado Sala Rafael Pérez del Puerto, que fue ministro de la Real Hacienda de Maldonado. Fue un funcionario público ejemplar responsable de la construcción de las Batería de la costa e isla Gorriti, de la Torre del Vigía, del comienzo de la construcción de la iglesia San Fernando y de la conclusión del Cuartel de Dragones. Se puede apreciar un magnífico juego de comedor que perteneció al Escribano Román Guerra y dos aparadores con mármol y madera.

La cocina lleva el nombre de Ana Gándara recordando a la primera mujer liberada de la esclavitad por Artigas en 1818. Se pueden apreciar los utensilios de cocina que eran utilizados en los siglos anteriores.

A continuación, se encuentra una Sala en la que se exhibe el antiguo reloj de la torre de la iglesia de Maldonado fabricado por el Padre Pedro Podestá, sacerdote fernandino nacido en isla Gorriti en 1846. También podemos apreciar el primer teléfono que funcionó en el faro de José Ignacio, la máquina de escribir que perteneció al profesor Francisco Mazzoni, y un antiguo baúl construido por un marino inglés para el ajuar de su novia Luisa Chalar en 1858, con la particularidad que está forrado con piel de lobo marino y escrito su nombre con tachas.

En la Sala Hermanos Mazzoni se puede observar una estufa profusamente decorada con esculturas en madera de autoría del ebanista Juan José Severino, así como una puerta con paneles decorados con motivos de Maldonado del mismo autor.

En el piso superior se exhibe una interesante colección de medallas y monedas antiguas pertenecientes a la colección del museo, así como un mural de autoría del pintor Enrique Castells Capurro en 1955. Esta Sala albergaba la biblioteca del profesor Mazzoni. En el balcón se puede apreciar una hermosa reja decorada con el logotipo entrelazado de Manuel Gorlero.    

Luego, continuando el recorrido por planta baja, visitamos la Sala indígena, que recuerda al naturalista español Félix de Azara, de quien Artigas fue edecán en su recorrida por la Banda Oriental. En la Sala se exhiben objetos arqueológicos hallados en el departamento de Maldonado.

A continuación, nos encontramos con la Sala dedicada al célebre científico inglés Charles Darwin, que permaneció en la zona durante diez semanas en 1833. De él se conserva el “baño de asiento” de hojalata, que Mazzoni recuperó de una casa fernandina, y el “mascarón de proa” atribuido a la nave científica Beagle, hallado en isla Gorriti.

En la Sala Henry Burnett se encuentran varias pertenencias de este destacado forestador y vicecónsul inglés instalado en 1873 en Maldonado. Y también hallamos reproducciones de fotografías de fines del siglo XIX obtenidas por Burnett, que fue el primer fotógrafo con que contó Maldonado.

También contamos con la Sala Leonardo Olivera, quien fue un destacado militar patriota nacido en San Carlos en 1793. Se lo recuerda como el “Señor del Este”, ya que liberó la zona Este del país del yugo de los brasileños al tomar la Fortaleza de Santa Teresa. Se puede apreciar una enorme cama francesa de estilo imperio que perteneció a la Curia de Maldonado.

La antigua casona tiene tres hermosos patios.

El central que tiene un aljibe con un arco de hierro con una alegoría de golondrinas en vuelo. Se encuentra decorado con diversos tipos de Pas de Calais y plantas de estación.

Luego tenemos otro extenso patio con una fuente coronada por la escultura de un pingüino ejecutada por el propio Mazzoni. Se trata del recuerdo que le tributó a su mascota: el pingüino Anatole, denominado así en honor al autor de la obra “La isla de los pingüinos” de Anatole de Frances. Completan el patio la recreación de la abertura de una ventana de la Casa de los Oficiales donde se alojó Artigas cuando estuvo en Maldonado, así como añosos ejemplares de árboles de la época colonial.

En el tercer patio, que circunda la última residencia del profesor Mazzoni cuando donó su museo al Estado, se pueden observar diversas piezas vinculadas al campo de Maldonado (gigantescas ruedas de carro, arado, balanza de pesar lana, marcas de ganado) y un viejo guayabo que aún produce frutos.

Por último, hallamos la Sala de Conferencias y Exposiciones denominada Gobernador José Joaquín de Viana, donde se realizan actividades culturales diversas (muestras plásticas, conferencias, conciertos, presentaciones de libros, representaciones teatrales).

Gracias por VISITARNOS.

Ana Gándara o Gasquen brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

El régimen colonial español toleró el triste sistema de la esclavitud. Fue recién que, al obtenerse la independencia y soberanía de nuestra nación, en 1825 se dictó la llamada “ley de libertad de vientres”, que dispuso, precisamente la libertad de los nacidos con posterioridad a la referida norma.

En 1818 una esclava del español Francisco Aguilar y Leal, llamada Ana Gándara o Gasquen, se presentó ante el Alcalde de Maldonado para solicitarle le exigiera a su amo los documentos justificativos que acreditaran ser de su propiedad. Fue así que, por mandato del Alcalde Juan Pascual Plá, se presentó en casa de Aguilar el Defensor de Pobres y Menores Manuel Rodríguez a fin de que aquel exhibiera el título (Escritura) y acreditara la propiedad de la esclava.

Francisco Aguilar y Leal era un poderoso y emprendedor comerciante canario, establecido con su familia en Maldonado desde 1811. Fue propietario de varios navíos que trasladaban mercaderías entre el Río de la Plata y Brasil. Llegó a tener 14 fincas y 35 esclavos.

Obligado por la autoridad, Aguilar debió exhibir el título de propiedad de su esclava, el que fue extendido en Santa Cruz de Tenerife (islas Canarias) en el año 1810, y del cual surgía que la había adquirido de Ana de la Cruz Mamur por un precio de “300 pesos corrientes”. La referida Escritura establecía asimismo que Ana Gasquen, que en ese tiempo tenía 12 años, era de “color claro”, profesaba la fe católica y era hija de padres católicos. También surgía de la referida documentación que su antigua dueña la hubo por cambio que hizo con Alejandro Orange, en la isla de Francia (¿isla Mauricio?), por otro negro esclavo.

En su solicitud Ana Gasquen manifestaba ser procedente de una de las islas de Francia, y que “en tiempo de la revolución de Francia del año 1808” fue llevada al archipiélago canario.

Una vez verificada la propiedad y conocido el precio pagado en su momento por la esclava, Ana Gasquen se presentó nuevamente ante el Alcalde manifestando que con arreglo a las leyes “de este País que todo esclavo que presenta el importe en que fue comprado se le debe dar su libertad”, ofreciendo y pidiendo se aceptase dicha cantidad en carácter de rescate. En virtud que su dueño no accedió a aceptar el dinero, ya que el peso en América valía menos que en Santa Cruz de Tenerife, el Alcalde Juan Pascual Plá elevó el expediente al propio Artigas, para que fuera sometido el caso a su consideración.

La respuesta de Artigas, que refleja su espíritu libertario, fue clara y terminante: “...Sin embargo de no haber ley sancionada sobre el particular que se reclama, es conforme a los intereses del Sistema se proteja la Libertad de la Esclavatura contra las leyes del despotismo. Por consecuencia la esclava Ana Gándara debiera ser Libre y hallarse en el pleno goce de sus derechos naturales desde el momento en que ella haya satisfecho a su amo la cantidad que costó en su venta. Lo demás es una exorbitancia que sólo pudieron autorizarla las leyes despóticas, y que aborrece la humanidad a favor de la naturaleza...” (en el Cuartel General, 28 de noviembre de 1818).

La solución hallada por Artigas denota su profundo respeto por la dignidad de la persona, así como su afinado concepto de justicia. También nos permite conocer sus convicciones e ideas referentes a la esclavitud, por cierto, muy por encima de las costumbres de su época.

 

Francisco Aguilar y Leal brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

Nació en 1777 en Santa Cruz de Tenerife (islas Canarias, España). Provenía de una familia acomodada. Estudió en Inglaterra.

En 1810, casado con Luisa Bentancourt y dos hijas,  partió en un barco de su propiedad desde islas Canaria rumbo al Río de la Plata.  El navío, además de transportar mercaderías varias, trasladó familias canarias que se establecieron en la zona.  Su esposa falleció durante el viaje.

Debido a la revolución de 1810 en el Río de la Plata, Aguilar no pudo continuar el viaje a Montevideo y Buenos Aires, y terminó desembarcando en Maldonado en los primeros meses de 1811.

Francisco Aguilar se casó en segundas nupcias con Catalina Píriz de San Carlos, con quien tuvo varios hijos.

Se afincó en Maldonado donde desarrolló una vasta actividad comercial.

Apoyó el movimiento revolucionario, incluso contribuyendo económicamente.

Enviudó y volvió a casarse en 1835 con Francisca Javiera Pareja, con quien tuvo una hija.

Aguilar desempeñó diversos cargos públicos: fue alcalde de Maldonado en los años 1829 y 1830, fue administrador de correos en 1834, y también senador de la República en dos oportunidades.

Tuvo una pulpería en 1811. Fue concesionario desde 1820 de la faena de lobos en la Isla de Lobos y en la costa de Rocha. Luego obtuvo licencia  para la caza de ballenas.

Francisco Aguilar se dedicó a la exportación e importación de mercaderías, que transportaba en sus embarcaciones. Entre otros productos exportaba cueros y aceite de lobo a Brasil, e importaba madera, fariña, café, almidón, caña, etc. de esa misma procedencia.

Entre tantas actividades se dedicó también a la cría de ganado y tuvo tres quintas, denominadas “La Florida”, “La Paz” y “La Azotea”. Introdujo una pareja de camellos, ya que pensó como los más indicados para el transporte en las grandes extensiones de arenas existentes en la zona. También introdujo gusanos de seda en Maldonado.

Se dedicó asimismo a la introducción de árboles de olivos y de pinos.

Instaló una fábrica de baldosas en Maldonado hacia 1837, las que vendía en Montevideo y Buenos Aires.

Aguilar tuvo 14 fincas y 35 esclavos.

Fue agente consular de los Estados Unidos, y vicecónsul de Portugal, Suecia y Noruega.   

Falleció en Montevideo el 21 de julio de 1840.

Henry William Burnett brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

Henry William Burnett nació en Wiltshire, Salisbury, Inglaterra el 10 de marzo de 1845. Vino al Río de la Plata en 1864 a bordo de la fragata de guerra inglesa “Bombay”, se desempeñaba como escribiente. El “Bombay” se prendió fuego durante un ejercicio de tiro el 3 de diciembre de 1864, a pocas millas de la isla de Flores. Hubo 90 bajas, el joven Burnett se salvó. Continuó en la Marina inglesa hasta 1869, se radicó entonces en Montevideo, donde trabajó como tenedor de libros en el comercio del inglés James Eaton. Ese mismo año se casó con la fernandina Carmen Rodríguez Delgado (1847-1902), con quien tuvo cinco hijos; Enrique Guillermo, Juan Bernardo, Jorge Britton, Mary Catalina y Emma Carmen. Se radicó, hacia 1870, en Maldonado.

Construyó su casa en el extremo sur de la ciudad de Maldonado, en las afueras del pueblo (donde funcionó el Museo de Arte Americano de Maldonado, calles Treinta y Tres y Dodera). Hizo construir un mirador desde el cual divisaba la bahía  de Maldonado y el tráfico marítimo. Desde 1869 actuó como Sub-Agente de la compañía inglesa de seguros Lloyd´s en las costas del Río de la Plata y océano Atlántico. Socorriendo y auxiliando a numerosas embarcaciones que naufragaron o  sufrieron percances en nuestras costas. Al cumplir 50 años de labor en 1920, Lloyd´s le concedió una medalla de plata (“Lloyd´s Silver Medal”) y un álbum iluminado con el detalle de los percances marítimos en los que actuó (que se exhibe en el museo). En 1880, cuando murió el Vice-cónsul inglés Ramiro de las Carreras, el gobierno de Su Majestad Británica nombró a Burnett en su reemplazo “...en reconocimiento de su labor inteligente y proficua para los intereses británicos...”. Su destacada actuación hizo que, en 1924, el Rey Jorge V lo nombrara Miembro de la Orden del Imperio Británico. En 1927, al retirarse del Vice-consulado (siendo el Vice-cónsul de más larga actuación bajo el Foreign Office) fue elevado al grado de Oficial de la Orden. 

En 1891, y ante la constante invasión de las arenas a su propiedad y toda la ciudad de Maldonado, comenzó a plantar árboles (eucaliptus y pinos marítimos) como forma de detener el avance de las arenas. Su esfuerzo y constancia en esta labor fue reconocido por el Estado. En 1911 el Ministerio de Industrias lo premió con una medalla de oro y la suma de $ 3.000.- por haber plantado más de 10.000 pinos marítimos en la costa de Maldonado (en unas 200 hectáreas). El 15 de agosto de 1922 la Asamblea Departamental de Maldonado también reconoció su importante labor forestadora y le otorgó una medalla.

Burnett también se interesó por la fotografía, entonces en sus comienzos, poseyendo su propio laboratorio y obteniendo interesantes fotografías de la zona de fines del siglo XIX y principios del XX (las que comercializaba a 20 centésimos cada una).

El 6 de agosto de 1927 la ciudad de Maldonado se vio conmovida por la muerte de uno de sus vecinos más ilustres: don Enrique Burnett. Tenía 82 años.

José Joaquín de Viana brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

Fue el primer Gobernador de Montevideo y el fundador de Maldonado. En honor a su memoria se erige una estatua suya en la intersección de la avenida que lleva su nombre y la calle Rafael Pérez del Puerto de nuestra ciudad. Nació en la ciudad española de Lagrán (Alava) el 20 de marzo de 1718, hijo de Gregorio de Viana y de María Sáenz de Villaverde. Ingresó al ejército como alférez en 1735, ascendió a teniente en 1742, a capitán en 1744 y a capitán de granaderos provinciales en 1746.  Fue designado por el Rey Fernando VI como gobernador de Montevideo en 1749 por un período inicial de 5 años con el grado de coronel y un sueldo anual de $ 4.000.-. Su despacho e instrucciones del Rey fueron dados en Buen Retiro el 22 de diciembre de 1749. Arribó a Buenos Aires a bordo del navío La Concepción de Nuestra Señora el 3 de febrero de 1751. Prestó juramento como Gobernador ante el Capitán General José de Andonaegui el 13 de febrero.  El 14 de marzo de 1751 asumió como gobernador ante el cabildo de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. A pesar de haber sido designado por el término de 5 años, desempeñó su cargo durante 13 años, y luego debió desempeñarse interinamente por segunda vez (1771 a 1773) a pedido de la Corona.

Recorrió la zona Este y constató la necesidad imperiosa de poblar y de fortificar el puerto de Maldonado para frenar los intentos lusitanos por tomar el Río de la Plata y como defensa de Montevideo.

En 1755 estableció de facto las primeras familias fundadoras de la ciudad de Maldonado en las cercanías de la laguna del Diario. 

En el año 1757 se trasladó la población al lugar actual, donde continuó creciendo.

El 4 de noviembre de 1755 contrajo matrimonio con María Francisca de Alzaybar, con quien tuvo seis hijos.

Falleció en Buenos Aires el 14 de diciembre de 1773.

Julián de la Llana brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

Prestigioso militar que ascendió hasta el grado de general de división de nuestro ejército,  conocido caudillo de la región Este y hacendado. Nació en el valle de Aiguá el 23 de diciembre de 1825, donde tuvo estancia (Sierras de la Coronilla, sobre Ruta 39, luego estancia “El Fortín”).

De la Llana fue conocido públicamente y notoriamente por Llanes, como lo habían sido sus ascendientes más próximos. Fue soldado de caballería de guardias nacionales en 1842; durante la Guerra Grande ascendió a cabo en 1843 y en 1844 fue promovido a alférez. Su ingreso en el ejército de línea se verificó siendo teniente 2do el 15 de abril de 1850. Llegando a teniente 1ero el 15 de octubre de 1852. Según Fernández Saldaña: “había hecho toda la guerra de diez años, siempre en movimiento, siempre en guardia, alternativamente vencedor o vencido, jugándose la vida en el combate un día y otro, a órdenes de renombrados jefes de aquellas abruptas regiones serranas cuyos prestigios, una vez que ellos desaparecieron, debía heredar”. Ascendió a capitán en 1854. Acompañó al coronel Brígido Silveira cuando se levantó en armas por el Partido Colorado en 1857.

En 1863 se unió al movimiento revolucionario del general Flores, ese año fue ascendido  a sargento mayor. El 19 de mayo de 1865 fue ascendido a teniente coronel. Sirvió al gobierno del general Lorenzo Batlle contra los revolucionarios de Timoteo Aparicio, donde tuvo actuación distinguida. Fue jefe de la guardia nacional de caballería de Maldonado el 29 de mayo de 1869, y en Chafalote, bajo las órdenes del coronel Gregorio Castro, el 7 de noviembre de 1871, enfrentados de la Llana y el comandante Ignacio Mena, este valeroso jefe blanco quedó en el campo abatido de un golpe de lanza por su digno adversario. A la fecha poseía grado de coronel desde el 26 de diciembre de 1870 (la efectividad la logró en 1872). Apoyó al presidente Santos al estallar la revolución de 1886. Éste le confirió el grado de general de brigada. El presidente Tajes le otorgó el grado de general de división el 26 de febrero de 1890. El recuerdo de su limpia actitud militar en 1875, que lo acompañó el resto de su vida, su honradez, y su ingénita bonhomía contribuyeron a capitalizarle simpatías hasta el instante en que dejó de existir.

Murió en la villa de Minas el 13 de julio de 1892.

Existe una anécdota cuando el general estaba con uno de sus nietos en brazos en una terraza del “Fortín”. Por detrás de él había un asesino al acecho que intentó darle muerte. Pero De la llana, siempre armado, sacó un pequeño revólver y abatió al agresor.

 

Leonardo Olivera brand_awareness_FILL0_wght400_GRAD0_opsz24

Fue un recordado patriota y héroe nacional que tuvo gran actuación, precisamente, en la comarca que lo vio nacer.  Olivera nació en la jurisdicción de San Carlos el 26 de noviembre de 1793. Su padre fue Manuel Álvarez de Olivera, natural de la isla de Santa Catalina, y su madre Ana Teyxeyra, natural de San Carlos.

Leonardo se crio, junto a sus hermanos, en los campos familiares de Castillos (Rocha), donde adquirió gran conocimiento de la vida del gauchaje. Precisamente sobre éstos tuvo gran ascendencia.

Siendo un adolescente se sumó a la causa patriota, destacándose por su arrojo, intrepidez y coraje. En 1811 se incorporó a las huestes de Manuel Francisco Artigas (hermano del héroe), quien recorrió Maldonado, Rocha y Santa Teresa con la orden de sublevar a los paisanos del yugo español. De esta época data su amistad con Juan Antonio Lavalleja.  Se cree que participó en la batalla de Las Piedras. En 1814 fue ascendido al grado de alférez de Milicia, actuó alternativamente en las guarniciones de Maldonado y San Carlos, y ejecutó varias comisiones importantes sobre la frontera del Brasil, sobre todo contra los contrabandistas portugueses quienes arreaban grandes cantidades de ganado hacia Río Grande. En 1816 fue incorporado a la división que comandaba Fructuoso Rivera, y luchó en la batalla de India Muerta.  En 1817, una vez más acompañó a Manuel Francisco Artigas en la incursión que este jefe efectuó a Maldonado al frente del Regimiento de Caballería Cívica, pasando luego a reforzar la Compañía de Milicias de San Carlos, entonces al mando del capitán Francisco Antonio Bustamante.   Recibió el ascenso de Teniente 1º y pasó a cumplir órdenes con el Jefe de Vanguardia comandante Juan Antonio Lavalleja. Su misión fue hostigar al enemigo portugués, consiguiendo atacar el pueblo de Minas y llevando las hostilidades hasta la misma Montevideo.

Luego pasó a Santa Teresa, posteriormente (1818) recibió el ascenso a Capitán, comandante de Rocha y Frontera.    El 5 de julio de 1819 fue hecho prisionero y conducido con grilletes a Río Grande, a Porto Alegre y, finalmente, a la isla das Cobras en Río de Janeiro donde permaneció hasta 1822.  En 1823 conspiró contra Lecor, y siguiendo a Lavalleja, se alzó en armas en el departamento de Maldonado, fracasando la insurrección general.    En 1825 se incorporó al levantamiento de los Treinta y Tres Orientales, Olivera actuó en la vanguardia y en el departamento de Maldonado. El 1º de junio de 1825 se le dio el grado de Coronel, y pasó a desempeñarse también como Jefe del Departamento.   Participó heroicamente en la batalla de Sarandí, teniendo a sus órdenes jefes, oficiales y tropa de línea. Olivera fue responsable de la toma de Santa Teresa, una de las acciones bélicas por la cual se lo recuerda.    En la campaña del año 1825, y las subsiguientes, hasta obtener la independencia, nadie sirvió a la patria con más abnegación y denuedo que el coronel Olivera.    En la presidencia de Manuel Oribe desempeñó funciones de Jefe Político y de Policía (1835 a 1837) y Jefe de la Guardia Nacional de Maldonado.    En 1822 se casó con Ana Cayetana Corbo, natural de San Carlos, viuda de Joaquín Balado. De su matrimonio nacieron seis hijos. El coronel Leonardo Olivera falleció en San Carlos el 12 de abril de 1863, a los 69 años de edad.    Según la tradición oral falleció de pena; ya que su esposa Ana Corbo pereció ahogada en el arroyo San Carlos quince días antes. Olivera no pudo resistir el dolor que le ocasionó la pérdida de su esposa.   El Gobierno le decretó exequias oficiales. Post mortem se le concedió el grado de general.